El dominicano y la pobreza mental

Lawrence E. Harrison, que estuvo varios años en nuestro país trabajando en la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), de los Estados Unidos, publicó una obra muy interesante y comentada, titulada “El subdesarrollo está en la mente”, en la que analiza aquellos aspectos culturales, a veces intangibles, que hacen que un país no avance en la escala del progreso social y económico.

Traigo esto a colación por una anécdota de la que fui testigo en un reciente viaje al exterior, en el que una dominicana negociaba con un comerciante.

Regateando el precio del servicio que demandaba, el último argumento de la señora fue: “Nosotros somos pobres, somos dominicanos”…

Esto lo expresaba una persona que estaba pagando más de dos mil dólares, más de cien mil pesos dominicanos, por un crucero de lujo, lo cual destruía su argumento.

Evidentemente, la señora no se daba cuenta, a fuerza de usar el discurso de la pobreza en todas las ocasiones de la vida, del daño que se hacía a sí misma y el que le hacía a la imagen del país.

Los dominicanos, como explicó monseñor Roque Adames, tenemos la tendencia a empequeñecernos y a reducirlo todo para evitar el pago de impuestos, para que no nos pidan prestado, entre otros motivos, y convertimos esta actitud en un código mental que expresamos en todos los momentos de nuestras vidas.

Tenemos que sacar la pobreza de nuestro entramado mental, pues esa actitud solo produce los peores pobres: los ricos que se creen pobres y no aportan nada.

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